NO PARAR HASTA CONQUISTAR. CUENCA NUNCA SERÁ LO QUE MERECE MIENTRAS LOS CACIQUES DIRIJAN NUESTRA PROVINCIA



domingo, 7 de octubre de 2012

7 de octubre de 1934




















El 7 de octubre de 1934 el Gobierno de España declaró el estado de guerra en todo el territorio nacional. Y el Jefe del Gobierno dirigió a la Nación el mensaje que se reproduce en la pág. 51 del Diario Oficial del Ministerio de la Guerra del domingo 7 de octubre de 1934.
En la imagen, fotografía en la Puerta del Sol, ante el entonces Ministerio de la Gobernación, de la manifestación organizada por José Antonio Primo de Rivera, quien se había dirigido a los falangistas con estas palabras: "¿Hemos de resignarnos a ver España fragmentada en tribus cabileñas? Mil veces roja antes que rota, porque no recuperaríamos como tribu lo que perdamos como nación..."
La rebelión de la Generalitat había sido vencida. La aventura no había durado ni 24 horas, pero la sangre de los soldados españoles ya había sido derramada.
¿Vamos a repetir esta triste historia?

La Hispanidad segun Peron



"No somos ni vencedores, ni vencidos. Somos herederos de los vencedores y de los vencidos" (José Antonio del Busto, destacado historiador peruano).
No me consideraría con derecho a levantar mi voz en el solemne día que se festeja la gloria de España, si mis palabras tuvieran que ser tan sólo halago de circunstancias o simple ropaje que vistiera una conveniencia ocasional. Me veo impulsado a expresar mis sentimientos porque tengo la firme convicción de que las corrientes de egoísmo y las encrucijadas de odio que parecen disputarse la hegemonía del orbe, serán sobrepasadas por el triunfo del espíritu que ha sido capaz de dar vida cristiana y sabor de eternidad al nuevo Mundo.


No me atrevería a llevar mi voz a los pueblos que, junto con el nuestro, formamos la Comunidad Hispánica, para realizar tan sólo una conmemoración protocolar del Día de la Raza.
Unicamente puede justificarse el que rompa mi silencio, la exaltación de nuestro espíritu ante la contemplación reflexiva de la influencia que, para sacar al mundo del caos que se debate, puede ejercer el tesoro espiritual que encierra la titánica obra cervantina, suma y compendio apasionado y brillante del inmortal genio de España.

Espíritu contra utilitarismo

Al impulso ciego de la fuerza, al impulso frío del dinero, la Argentina, coheredera de la espiritualidad hispánica, opone la supremacía vivificante del espíritu.
En medio de un mundo en crisis y de una humanidad que vive acongojada por las consecuencias de la última tragedia e inquieta por la hecatombe que presient e; en medio de la confusión de las pasiones que restallan sobre las conciencias, la Argentina, la isla de paz, deliberada y voluntariamente, se hace presente en este día para rendir cumplido homenaje al hombre cuya figura y obra constituyen la expresión más acabada del genio y la grandeza de la raza.

Y a través de la figura y de la obra de Cervantes va el homenaje argentino a la Patria Madre, fecunda, civilizadora, eterna, y a todos los pueblos que han salido de su maternal regazo.
Por eso estamos aquí, en esta ceremonia que tiene la jerarquía de símbolo. Porque recordar a Cervantes es reverenciar a la madre España; es sentirse más unidos que nunca a los demás pueblos que descienden legítimamente de tan noble tronco; es afirmar la existencia de una comunidad cultural hispanoamericana de la que somos parte y de una continuidad histórica que tiene en la raza su expresión objetiva más digna, y en el Quijote la manifestación viva y perenne de sus ideales, de sus virtudes y de su cultura; es expresar el conven cimiento de que el alto espíritu señoril y cristiano que inspira la Hispanidad iluminará al mundo cuando se disipen las nieblas de los odios y de los egoísmos.

Por eso rendimos aquí el doble homenaje a Cervantes y a la Raza.
Homenaje, en primer lugar, al grande hombre que legó a la humanidad una obra inmortal, la más perfecta que en su género haya sido escrita, código del honor y breviario del caballero, pozo de sabiduría y, por los siglos, de los siglos, espejo y paradigma de su raza.

Destino maravilloso el de Cervantes que, al escribir el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, descubre en el mundo nuevo de su novela, con el gran fondo de la naturaleza filosófica, el encuentro cortés y la unión entrañable de un idealismo que no acaba y de un real ismo que se sustenta en la tierra. Y además caridad y amor a la justicia, que entraron en el corazón mismo de América; y son ya los siglos los que muestra, en el laberinto dramático que es esta hora del mundo, que siempre triunfa aquella concepción clara del riesgo por el bien y la ventura de todo afán justiciero. El saber “jugarse entero” de nuestros gauchos es la empresa que ostentan orgullosamente los “quijotes de nuestras pampas”.

En segundo lugar, sea nuestro homenaje a la raza a que pertenecemos.

La raza: superación de nuestro destino

Para nosotros, la raza no es un concepto biológico. Para nosotros es algo puramente espiritual.
Constituye una suma de imponderables que hace que nosotros seamos lo que somos y nos impulsa a ser lo que debemos ser, p or nuestro origen y nuestro destino. Ella es lo que nos aparta de caer en el remedo de otras comunidades cuyas esencias son extrañas a la nuestra, pero a las que con cristiana caridad aspiramos a comprender y respetamos. Para nosotros, la raza constituye n uestro sello personal, indefinible e inconfundible.

Para nosotros los latinos, la raza es un estilo. Un estilo de vida que nos enseña a saber vivir practicando el bien y a saber morir con dignidad.
Nuestro homenaje a la madre España constituye también u na adhesión a la cultura occidental.
Porque España aportó al occidente la más valiosa de las contribuciones: el descubrimiento y la colonización de un nuevo mundo ganado para la causa de la cultura occidental.

Su obra civilizadora cumplida en tierras d e América no tiene parangón en la Historia. Es única en el mundo. Constituye su más calificado blasón y es la mejor ejecutoria de la raza, porque toda la obra civilizadora es un rosario de heroísmos, de sacrificios y de ejemplares renunciamientos.

Su empresa tuvo el sino de una auténtica misión. Ella no vino a las Indias ávida de ganancias y dispuesta a volver la espalda y marcharse una vez exprimido y saboreado el fruto. Llegaba para que fuera cumplida y hermosa realidad el mandato póstumo de la Reina Is abel de “atraer a los pueblos de Indias y convertirlos al servicio de Dios”. Traía para ello la buena nueva de la verdad revelada, expresada en el idioma más hermoso de la tierra. Venía para que esos pueblos se organizaran bajo el imperio del derecho y vivieran pacíficamente. No aspiraban a destruir al indio sino a ganarlo para la fe y dignificarlo como ser humano...

Era un puñado de héroes, de soñadores desbordantes de fe. Venían a enfrentar a lo desconocido; ni el desierto, ni la selva con sus mil espec ies donde la muerte aguardaba el paso del conquistador en el escenario de una tierra inmensa, misteriosa, ignorada y hostil.

Nada los detuvo en su empresa; ni la sed, ni el hambre, ni las epidemias que asolaban sus huestes; ni el desierto con su monótono desamparo, ni la montaña que les cerraba el paso, ni la selva con sus mil especies de oscuras y desconocidas muertes. A todo se sobrepusieron. Y es ahí, precisamente, en los momentos más difíciles, en los que se los ve más grandes, más serenamente dueños de sí mismos, más conscientes de su destino, porque en ellos parecía haberse hecho alma y figura la verdad irrefutable de que “es el fuerte el que crea los acontecimientos y el débil el que sufre la suerte que le impone el destino”. Pero en los conquistado res pareciera que el destino era trazado por el impulso de su férrea voluntad.

América: empresa de héroes

Como no podía ocurrir de otra manera, su empresa fue desprestigiada por sus enemigos, y su epopeya objeto de escarnio, pasto de la intriga y blanco de la calumnia, juzgándose con criterio de mercaderes lo que había sido una empresa de héroes. Todas las armas fueron probadas: se recurrió a la mentira, se tergiversó cuanto se había hecho, se tejió en torno suyo una leyenda plagada de infundios y se la propaló a los cuatro vientos.

Y todo, con un propósito avieso. Porque la difusión de la leyenda negra, que ha pulverizado la crítica histórica serie y desapasionado, interesaba doblemente a los aprovechados detractores. Por una parte, les servía para echar un baldón a la cultura heredada por la comunidad de los pueblos hermanos que constituimos Hispanoamérica.

Por la otra procuraba fomentar así, en nosotros, una inferioridad espiritual propicia a sus fines imperialistas, cuyas asalariados y encumbradísimo s voceros repetían, por encargo, el ominoso estribillo cuya remunerada difusión corría por cuenta de los llamados órganos de información nacional. Este estribillo ha sido el de nuestra incapacidad para manejar nuestra economía e intereses, y la conveniencia de que nos dirigieran administradores de otra cultura y de otra raza. Doble agravio se nos infería; aparte de ser una mentira, era una indignidad y una ofensa a nuestro decoro de pueblos soberanos y libres.

España, nuevo Prometeo, fue así amarrada dura nte siglos a la roca de la Historia. Pero lo que no se pudo hacer fue silenciar su obra, ni disminuir la magnitud de su empresa que ha quedado como magnífico aporte a la cultura occidental.

Allí están, como prueba fehaciente, las cúpulas de las iglesias asomando en las ciudades
fundada por ella; allí sus leyes de Indias, modelo de ecuanimidad, sabiduría y justicia; sus
universidades; su preocupación por la cultura, porque “conviene –según se lee en la Nueva
Recopilación. Que nuestros vasallos, súbditos y naturales, tengan en los reinos de Indias, universidades y estudios generales donde sean instruidos y graduados en todas ciencias y facultades, y por el mucho amor y voluntad que tenemos de honrar y favorecer a los de nuestras Indias y desterrar de ellas las tinieblas de la ignorancia y del error, se crean Universidades gozando los que fueren graduados en ellas de las libertades y franquezas de que gozan en estos reinos los que se gradúan en Salamanca”.

Su celo por difundir la verdad revelada porque –como también dice la Recopilación -
“teniéndonos por más obligados que ningún otro príncipe del mundo a procurar el servicio de Dios y la gloria de su santo nombre y emplear todas las fuerzas y el poder que nos ha dado, en trabajar que sea conocido y adorado en todo el mundo por verdadero Dios como lo es, felizmente hemos conseguido traer al gremio de la Santa Iglesia Católica las innumerables gentes y naciones que habitan las Indias occidentales, isla y tierra firme del mar océano”.

España levantó, edificó universidades, difundió la cultura, formó hombres, e hizo mucho más; fundió y confundió su sangre con América y signó a sus hijas con un sello que las hace, si bien distintas a la madre en su forma y apariencias, iguales a ella en su esencia y naturaleza. In corporó a la suya la expresión de un aporte fuerte y desbordante de vida que remozaba a la cultura occidental con el ímpetu de una energía nueva.

Y si bien hubo yerros, no olvidemos que esa empresa, cuyo cometido la antigüedad clásica hubiera discernido a los dioses, fue aquí cumplida por hombres, por un puñado de hombres que no eran dioses aunque los impulsara, es cierto, el soplo divino de una fe que los hacía creados a la imagen y semejanza de Dios.

España rediviva en el criollo Quijote

Son hombres y mujeres de esa raza los que en heroica comunión rechazan, en 1806, al extranjero invasor, y el hidalgo jefe que obtenida la victoria amenaza con “pena de la vida al que los insulte”.

Es gajo de ese tronco el pueblo que en mayo de 1810 asume la revoluci ón recién nacida; esa sangre de esa sangre la que vence gloriosamente en Tucumán y Salta y cae con honor en Vilcapugio y Ayohuma; es la que bulle en el espíritu levantisco e indómito de los caudillos; es la que enciende a los hombres que en 1816 proclaman a la faz del mundo nuestra independencia política; es la que agitada corre por las venas de esa raza de titanes que cruzan las ásperas y desoladas montañas de los Andes, conducidas por un héroe en una marcha qu e tiene la majestad de un friso griego; es la que ordena a los hombres que forjaron la unidad nacional, y la que aliente a los que organizaron la República; es la que se derramó generosamente cuantas veces fue necesario para defender la soberanía y la dign idad del país; es la misma que moviera al pueblo a reaccionar sin jactancia pero con irreductible firmeza cuando cualquiera osó inmiscuirse en asuntos que no le incumbían y que correspondía solamente a la nación resolverlos; de esa raza es el pueblo que lanzó su anatema a quienes no fueron celosos custodios de su soberanía, y con razón, porque sabe, y la verdad lo asiste, que cuando un Estado no es dueño de sus actos, de sus decisiones, de su futuro y de su destino, la vida no vale la pena de ser allí vivid a; de esa raza es ese pueblo, este pueblo nuestro, sangre de nuestra sangre y carne de nuestra carne, heroico y abnegado pueblo, virtuoso y digno, altivo sin alardes y lleno de intuitiva sabiduría, que pacífico y laborioso en su diaria jornada se juega sin alardes la vida con naturalidad de soldado, cuando una causa noble así lo requiere, y lo hace con generosidad de Quijote, ya desde el anónimo y oscuro foso de una trinchera o asumiendo en defensa de sus ideales el papel de primer protagonista en el escena rio turbulento de las calles de una ciudad.

Señores:

La historia, la religión y el idioma nos sitúan en el mapa de la cultura occidental y latina, a través de su vertiente hispánica, en la que el heroísmo y la nobleza, el ascetismo y la espiritualidad, alcanzan sus más sublimes proporciones. El Día de la Raza, instituido por el Presidente Yrigoyen, perpetúa en magníficos términos el sentido de esta filiación. “La España descubridora y conquistadora –dice el decreto-, volcó sobre el continente enigmático y magnífico el valor de sus guerreros, el denuedo de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, las labores de sus menestrales y con la aleación de todos estos factores, obró el milagro de conquistar para la civilización la inmensa heredad en que hoy florecen las naciones a las cuales ha dado, con la levadura de su sangre y con la armonía de su lengua, una herencia inmortal que debemos de afirmar y de mantener con jubiloso reconocimiento”.

Porvenir enraizado en el pasado

Si la América olvidara la tradición que enriquece su alma, rompiera sus vínculos con la latinidad, se evadiera del cuadro humanista que le demarca el catolicismo y negara a España, quedaría instantáneamente baldía de coherencia y sus ideas carecerían de vali dez. Ya lo dijo Menéndez y Pelayo: “Donde no se conserva piadosamente la herencia de lo pasado, pobre o rica, grande o pequeña, no esperemos que brote un pensamiento original, ni una idea dominadora”. Y situado en las antípodas de su pensamiento, Renán afi rmó que “el verdadero hombre de progreso es el que tiene los pies enraizados en el pasado”.

El sentido misional de la cultura hispánica, que catequistas y guerreros introdujeron en la geografía espiritual del Nuevo Mundo, es valor incorporada y absorbido por nuestra cultura, lo que ha suscitado una comunidad de ideas e ideales, valores y creencias, a la que debemos preservar de cuantos elementos exóticos pretenden mancillarla. Comprender esta imposición del destino, es el primordial deber de aquellos a quienes la voluntad pública o el prestigio de sus labores intelectuales, les habilita para influir en el proceso mental de las muchedumbres. Por mi parte, me he esforzado en resguardar las formas típicas de la cultura a que pertenecemos, trazándome un plan d e acción del que pude decir –el 24 de noviembre de 1944- que “tiene, ante todo, a cambiar la concepción materialista de la vida por una exaltación de los valores espirituales”.

Precisamente esa oposición, esa contraposición entre materialismo y espiritua lidad, constituye la ciencia del Quijote. O más propiamente representa la exaltación del idealismo, refrenado por la realidad del sentido común.

De ahí la universalidad de Cervantes, a quien, sin embargo, es precio identificar como genio auténticamente español, mal que no puede concebirse como no sea en España.
Esta solemne sesión, que la Academia Argentina de Letras ha querido poner bajo la advocación del genio máximo del idioma en el IV Centenario de su nacimiento, traduce –a mi modo de ver- la decidida voluntad argentina de reencontrar las rutas tradicionales en las que la concepción del mundo y de la persona humana, se origina en la honda espiritualidad grecolatina y en la ascética grandeza ibérica y cristiana.

Para participar en ese acto, he prefe rido traer, antes que una exposición académica sobre la inmortal figura de Cervantes, palpitación humana, su honda vivencia espiritual y su suprema gracia hispánica. En su vida y en su obra personifica la más alta expresión de las virtudes que nos incumbe resguardar.

Resurrección del Quijote

Mientras unos soñaban y otros seguían amodorrados en su incredulidad, fue gestándose la tremenda subversión social que hoy vivimos y se preparó la crisis de las estructuras políticas tradicionales. La revolución social de Eurasia ha ido extendiéndose hacia Occidente, y los cimientos de los países latinos del Oeste europea crujen ante la proximidad de exóticos carros de guerra. Por los Andes asoman su cabeza pretendidos profetas, a sueldo de un mundo que abomina de nuestra civilización, y otra trágica paradoja parece cernirse sobre América al oírse voces que, con la excusa de defender los principios de la Democracia (aunque en el fondo quieren proteger los privilegios del capitalismo), permitan el entronizamiento de un a nueva y sangrienta Tiranía.

Como miembros de la comunidad occidental, no podemos substraernos a un problema que de no resolverlo con acierto, puede derrumbar un patrimonio espiritual acumulado durante siglos. Hoy, más que nunca, debe resucitar Don Quijote y abrirse el sepulcro del Cid Campeador.

Juan Domingo Perón

sábado, 6 de octubre de 2012

Remedio viejo/nuevo eficaz y de Justicia contra los traidores de nuestro tiempo: el Código Penal de Don Carlos VII.

ART. 135. La tentativa para destruir la independencia o integridad del Estado será castigada con la pena de muerte.

ART. 137. El español que tomare las armas contra su Patria bajo banderas enemigas será castigado con la pena de cadena temporal en su grado máximo a la de muerte.

ART. 138. Se impondrá también la pena de cadena temporal en su grado máximo a la de muerte:

1º Al que facilitare al enemigo la entrada en el Reino, el progreso de sus armas o la toma de una plaza, puesto militar, buque del Estado o almacenes de boca o guerra del mismo.(...)

ART. 140. El que comunicare o revelare directa o indirectamente al enemigo documentos o revelaciones reservadas de que tuviera noticia por razón de su oficio, o por algún medio reprobado, incurrirá en la pena de cadena temporal en su grado máximo a la de muerte.

Código Penal de Don Carlos VII, por la Gracia de Dios Rey de España. Imprenta Real de Tolosa, 1875. Secretaría de Estado y Despacho de Gracia y Justicia de SMC.


Ahora que proliferan traiciones de españoles que luchan contra la integridad e independencia de España, que toman las armas contra su Patria bajo banderas enemigas separatistas o que aprovechando su posición colaboran con el enemigo facilitando sus movimientos o haciéndoles llegar informaciones reservadas recordemos la actualidad y vigencia del Código Penal de Don Carlos VII, nunca derogado e instrumento de Justicia muy oportuno para correctivo de los enemigos de la Patria y para prevenir nuevas traiciones.

Acto en desagravio a la Legión Cóndor. Intervención de José Luis Jerez Riesco

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Antes de comenzar este acto entrañable, con la lectura de unas breves, sencillas y emocionadas cuartillas, en honor de los siete aviadores alemanes, de edades comprendidas entre los 20 años del más joven, el alevín del panteón, y 27 años, el más veterano entre sus compañeros yacentes, todos ellos combatientes de la legendaria Legión Cóndor, que reposan el sueño eterno en estas sepulturas colocadas en correcta formación, excavadas en la tierra noble y soleada de España, voy a invocar sus respectivos nombres y a solicitar de vosotros una exclamación firme, sonora y unánime, de fiel  compromiso y recuerdo, con un rotundo y mayestático ¡PRESENTE!

·         Heinz Lignitz

·         Joseff Ullmann

·         Johann Seitz

·         August Heyer

·         Leo Falk

·         Georg Übelhack

·         Walter Brotzmann

 

 

                Camaradas de la lealtad:

                Nos encontramos, aquí y ahora, en tierra sagrada, en un camposanto , si, en un camposanto, en la ciudad de los muertos y de las reliquias, junto a un panteón que guarda las cenizas de siete héroes, de siete camaradas alemanes que, rompiendo la barrera del olvido y de la muerte, perviven y gozarán de la eternidad perenne en el latir de los corazones, que, como vosotros, valoren como referente el sacrificio de su inmolación y la entrega de sus jóvenes vidas y de sus almas,  por un ideal superior e inmortal.
 Aquí, junto a sus tumbas, se percibe, mejor que en ningún otro lugar,  su presencia y su energía espiritual,  en este recoleto recinto bautizado por la sangre fecunda y valiente de estos siete aviadores, que encuadrados en un magnífico cuerpo expedicionario eligieron la muerte como meta del honor.
El 18 de julio de 1936 España lanzaba un estentóreo grito de salvación nacional,  invocando una convocatoria inapelable: ¡A MI LA LEGION!
 A la llamada, a la cita de la voz que salía de una Patria amenazada y en difícil trance, concurrieron solícitos dos cuerpos legionarios, de guerreros bisoños y curtidos, que escucharon y respondieron al emplazamiento: al sur de la Península, al otro lado del Estrecho que guardan y custodian  las columnas de Hércules, se alzaba, altiva y a paso legionario, la Legión Española de los soldados de Franco, de Yagüe y de Millán Astray; en la Europa Central, en la Alemania Nacional-socialista, al paso de la oca, impulsados por la conciencia racial y el sentido del deber, desde Germania, la tierra de los genuinos germanos, que su traducción literal es, de nuestros auténticos hermanos, se pusieron en marcha hacia los confines del occidente europeo, hacia el Finisterre peninsular, donde la tierra firme gana los últimos espacios al océano Atlántico, formando otra Legión, la Legión Cóndor, en una compacta fuerza de intervención, de caballeros del aire, de ahí su calificativo de Cóndor, para venir a auxiliar a España del dilema amargo en el que estaba inmersa.
En la Legión Cóndor se alistó la mejor juventud alemana, lo más granado y florido del nuevo amanecer, que vinieron al encuentro y al socorro de sus camaradas españoles, combatientes de la nueva Reconquista, a la que se bautizó con el sacrosanto nombre de Cruzada de Liberación.
En la escarapela de las alas, en el fuselaje de sus aviones, los mandos de la Legión Cóndor  colocaron, como distintivos de identificación, las aspas de San Andrés, que recordaban, de forma estilizada, la enseña nacional de nuestros viejos Tercios, para redimir en aquellos momentos de peligro, la cultura y la historia memorable de nuestro pueblo.
Si la formación de la invicta Legión Cóndor fue posible, se debe, en primer lugar, a la decisión acertada y responsable, adoptada durante la celebración del Festival de Bayreuth, en la noche del 25 al 26 de julio de 1936, tras la audición de la ópera “Sigfrido” de Richar Wagner, por el gran Führer y Canciller del Reich, Adolf Hitler, que supo querer y entender las esencias más nobles e hidalgas del ser español, a quien respaldaron, en su valiente  iniciativa, con ardiente  entusiasmo, su fiel  lugarteniente Rudolf Hess, honor y gloria eterna al prisionero y mártir de la paz, y su ministro de Aviación Hermann Goering, quien se afanó a la empresa con verdadero entusiasmo, a cuya operación se la impuso, en un principio, el nombre de “Fuegos mágicos”.
Formaron aquella Legión, esa unidad mítica de voluntarios, en las diversas expediciones, un total de 5.000 hombres, marciales, técnicos, audaces, disciplinados, desafiantes, que surcaron con sus aparatos, sobrevolando  el espacio con sus aviones de combate, de transporte, de caza o de reconocimiento, modelos Heinkel, Donier, Junkers, Messerschmitt y Skudas, como águilas en el cielo, auténticos escuadrones volantes, blandiendo los vientos, atravesando las rutas aéreas de España, al mando del general Von Sperrle y del coronel Von Richtofen, en los que están representados los grandes ases de su unidad, entre los que encontramos hombres de la talla de Adolf Galland o Wernër Mölders, leyendas vivas, mitos vivientes, de las grandes hazañas bélicas de todos los tiempos.
La Legión Cóndor se apuntó, en su ejecutoria militar, en su brillante hoja de servicios, el derribo de 296 aviones rojos, 235 de los cuales lo fueron por la pericia y la audacia de sus pilotos en el fragor del combate aéreo.
Nuestros camaradas de la Legión Cóndor, nos acompañaron hasta final de la Cruzada, hasta el último disparo, y marcharon con nuestras fuerzas, al unísono, en el desfile de la Victoria, cuya parada tuvo lugar en Madrid el 19 de mayo de 1939, dejando entre nosotros, para siempre, a los mejores, a los Caídos en combate, en el fragor de la batalla, a 300 héroes que nos llenan de orgullo y a quienes debemos honrar con eterna gratitud, porque ellos murieron para que nosotros hayamos podido vivir, para seguir su ejemplo de los valores que, con su muerte y con su ideal,  nos trasmitieron mejor que con las palabras huecas de la corrupta democracia que ahora nos circunda y nos asfixia.
Sus veteranos combatientes se hicieron acreedores de la Cruz Española, al mérito, al coraje, al valor, a la camaradería y al compañerismo hispano.
Como santuario del Honor de lo que fue la hazaña de la Legión Cóndor en España, están enterrados, en esta necrópolis de La Almudena, los cuerpos de estos siete héroes, tres de ellos  caídos el día 8 de diciembre de 1936 en Arenas de San Pedro, en la provincia de Ávila, y los otros cuatro el 26 de julio de 1937, en la provincia de Madrid.
Fue el 2 de julio de 1942,  hace ahora exactamente 70 años, cuando los ataúdes de los gloriosos aviadores alemanes, envueltos en la bandera española con la cruz esvástica, la España auténtica  y la gran Alemania genuina, solidariamente unidas, y sobre sus féretros el casco de acero y las ramas de laurel que ganaron con su gesta.
Hace unos meses, en la canícula de julio del presente año, la leyenda y la sepultura de aquellos que ofrendaron su vida en lucha abierta contra el comunismo internacional, ha sido recientemente profanada por los fariseos y los hipócritas que hoy gobiernan tanto en Alemania como en España, que no respetan a los muertos gloriosos, que no pueden soportar en su radical iniquidad, la verdad de una evidencia, que estaba escrito en este mausoleo, en la cabecera de sus sepulcros, donde se podía leer, en una lápida  con razón y con justicia, en alemán,  que “Los aviadores alemanes aquí enterrados murieron luchando por una España Libre” y donde en español se apostillaba, de forma lapidaria: “Aviadores alemanes muertos por Dios y por España” ¡Presentes!
Parafraseando  las palabras pronunciadas, en este mismo lugar, por el Embajador de Alemania Von Stohrer, cuando fue elegido como espacio para la morada perpetua de estos siete luchadores que sabían que la muerte no era el ocaso, y como recuerdo para quienes, con arrojo y altruismo sin límites, tomaron parte en nuestra Cruzada, refrendar que este solar por su fuerte significado “destaca el espíritu de hermandad que existe entre los Ejércitos español y alemán, pues en la gloriosa guerra española, Alemania, con su Legión Cóndor, luchó unida al Ejército Español para combatir al enemigo común, y hoy,- se pronunciaban estas palabras en julio de 1942- en los campos de Rusia, la gloriosa División Azul lucha brillantemente al lado de las tropas alemanas, para arrollar al comunismo, enemigo de Europa de la civilización” y que con este póstumo honor, a los aviadores de su Patria, sería siempre para el pueblo alemán “un recuerdo inolvidable”.
La vandálica actuación de la Embajada alemana actual, contra este vestigio de los más altos valores humanos representado en esta plataforma de gloria y victoria, de muerte y redención, funcionarios despreciables y sin escrúpulos,  amordazados y esclavizados por los manejos de Judea, con su odio incondicional y sempiterno, merecen nuestro desprecio más absoluto, al tiempo que rendimos tributo de homenaje y admiración por estos hombres, nuestros mejores camaradas, que con su muerte épica elevaron el sentido de la dignidad a su más alto rango.

Una vez más: Caídos de la Legión Cóndor ¡Presentes!

Heil Hitler!

¡Arriba España!

viernes, 5 de octubre de 2012

Oficina del Nudo Patriota Español


El Nudo Patriota Español abre su oficina central en Madrid a partir del próximo Lunes 15 de Octubre. Sita en la C/ Menorca 16. Oficina nº 9 estará atendida de Lunes a Viernes entre las 18 y las 21 horas por un miembro de la SECCION DE ACTIVISTAS DE ESPAÑA (SAE). Facilitamos también un número de teléfono de contacto para quien quiera dirigirse a nosotros: 902 030 945.

Se trata de una oficina que no es más que un principio y un nuevo paso del NPe. Disponemos en ella de una pequeña sala de conferencias que se usará para todo tipo de actividades culturales y de formación política.
Ni que decir tiene que dicha sala está abierta no solo para el NPe sino para actividades de otras organizaciones patriotas que no dispongan de local propio y con las que el NPe mantenga buenas relaciones.

El NPe espera que estas oficinas se conviertan en un centro de trabajo y de reclutamiento para nuevos militantes de la causa del nacionalismo español.

http://www.laredgualda.com/web/

Revolución Nacional


Las juventudes españolas, como sujetos históricos de la revolución nacional, tienen sobre todo que elegir, sin posibilidad de opción, como campo y teatro de su presencia, éste: la acción política. Y ello, nunca para incrustarse en sus banderas actuales ni para servir lo más mínimo los problemas que en ella se planteen, sino con esta doble finalidad: primera, apoderarse de las zonas rectoras, donde en realidad se atrincheran los poderes más directamente responsables de la inercia hispana; segunda, acampar en el seno mismo de las eficacias populares, en el torbellino real de las masas.
No es, pues, en la ciencia, en la religión, en la sabiduría profesional, en el culto doméstico, en el deporte, donde la acción y la presencia de las juventudes debe manifestarse en esta coyuntura anómala de la Patria: es en la Acción Política. Aquí tienen que confluir los bríos, considerando aquéllas otras cosas como valores que en este momento deben subordinarse a los propósitos de la revolución nacional, objetivo en el fondo de índole política, y reconociendo que aquellos son inoperantes, parciales, e inadecuados por sí solos para las tareas históricas que hoy nos corresponden.
España no recobrará su gran destino ni los españoles recobrarán su vida digna, con rapidez y urgencia, por el camino de la sabiduría, ni por el de la misión religiosa ni por el de la preparación profesional ni por el hecho de que todos seamos buenos deportistas. Todo eso, aún logrado, podría muy bien convivir con la desgracia histórica de España, con su servidumbre, con su disgregación y con su esclavitud internacional.
El timón de la rapidez, de la urgencia es el que permita desarticular y vencer el poder político dominante, sustituirlo, y emprender con las masas españolas la edificación y conquista histórica de la Patria. Eso requiere ir a la acción política, aun con el propósito evidentemente de reducir a cenizas la política partidista, mendaz y urdidora de desastres.
Presentar a las juventudes el camino de la acción política es mostrarle el lugar concreto donde reside el timón histórico que ellas precisamente necesitan, donde está —y en manos ineptas, insensibles o traidoras— el transmutador eléctrico, mediante el que se dan los dramáticos apagones o se encienden y abrillantan las rutas históricas.
No hay escepticismo peor ni doctrina más perniciosa e impotente para las juventudes que el caer en el apartamiento, la desilusión y el desprecio inactivo por las movilizaciones y eficacias del linaje político.
Quienes las adopten se condenan sin remisión a un limbo permanente, a una eterna infancia de imbéciles y de castrados. La primera preocupación estratégica es, pues, la creación de un órgano de acción política, bien acorazado para resistir las sirenas, para despreciar los contubernios y para dar el golpe definitivo al artilugio político de los partidos en que se basa y apoya el Estado vigente. A la política, pues, no en papel de rivales de estos o aquellos partidos, sino en rivalidad permanente y absoluta con el sistema entero. Política contra las políticas. Partido contra los partidos
Ramiro Ledesma Ramos 
"Discurso a las Juventudes de España"

Fallece atropellado en Venezuela un presunto etarra huido de España en 1981

El fallecido, que residía en Bilbao antes de su huida, no tenía ninguna acusación en los tribunales españoles, aunque en su momento fue buscado por las fuerzas de seguridad por su presunta vinculación con dos comandos de ETA que actuaron en Vizcaya a principios de los años ochenta, el "comando Donibane" y el "Aldanondo".
En enero de 1981 huyó a Francia a raíz de la desarticulación de uno de estos grupos y después se trasladó a Venezuela donde trabajaba como albañil

FUENTE: EL MUNDO