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viernes, 6 de julio de 2012

EL PRIMER FASCISMO ESPAÑOL: LOS “HIJOS DE MALASAÑA” Y LA LIGA PATRIÓTICA ESPAÑOLA

junio 26, 2012

Una de las escasas fotos de Ramón Sales Amenós en diciembre de 1919, en un acto de homenaje al general  Severiano Martínez Anido
HACE 90 AÑOS NACIÓ EN  BARCELONA EL PRIMER FASCISMO ESPAÑOL. Su promotor fue Ramón Sales Amenós, un carlista de acción leridano, nacido en La Fuliola, que pasó a la historia por fundar oficialmente en octubre de 1919 el Sindicato Llibre. Esta organización se enfrentó a tiros a la poderosa Confederación Nacional del Trabajo [CNT] en el marco de una “guerra social” que conmocionó Barcelona.
El Libre logró un importante protagonismo en los años veinte, pues bajo la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1930) se extendió por toda España como Confederación Nacional de Sindicatos Libres [CNSL] e igualó en afiliados a la Unión General de Trabajadores [UGT] socialista. Así, en 1929 la organización dirigida por Sales tenía 197.853 miembros y más de un 40% residía fuera de Cataluña (unos 81.000).

La Liga Patriótica, los primeros fascistas

Pues bien, en los meses previos a la creación del Sindicato Libre, Sales perteneció y promovió el primer colectivo ultrapatriota que surgió en el país: la Liga Patriótica Española [LPE]. Ésta configuró un ente ultraespañol de combate que surgió ante la campaña de demanda de autonomía promovida por la Lliga desde noviembre de 1918, secundada por republicanos y la mayoría del carlismo y radicalizada por los nacionalistas que lideraba Francesc Macià, oficial que dejó el Ejército tras el asalto al Cu-Cut! y fundó la ultracatalanista Federació Democràtica Nacionalista [FDN] el mismo 1918.
Según el primer y más minucioso estudioso de la LPE, Enric Ucelay-Da Cal, la agitación catalanista condujo a “tres meses de virtual rebelión nacionalista” entre noviembre de 1918 y febrero de 1919, al generar una espiral de manifestaciones espontáneas seguidas de represiones policiales. En diciembre de 1918 un oficial fue herido grave de bala y un sargento acabó con la cabeza abierta por un garrotazo. El diario El Imparcial retrató alarmista el clima barcelonés: “Para dar un ¡Viva a España! Hay que empuñar la browning, o hallarse dispuesto a ir a la casa de socorro”.
Esta situación generó la confluencia de elementos españolistas en la Liga que, con la complicidad de policías y militares, “limpió” de separatistas las Ramblas –donde tenía su sede- con bastones y pistolas. Cristalizó así un núcleo ultraespañol nutrido por oficiales de paisano, funcionarios de bajo rango, policías fuera de servicio, e “hinchas” del club de fútbol Español que constituyeron -según Ucelay-Da Cal- “la reducida clientela del fascismo español en Barcelona hasta 1936”.

“A todos los buenos españoles”

La nueva Liga editó un manifiesto fundacional (“¡Viva España!”) dirigido “A todos los buenos españoles” denunciando que en “este trozo de España que se llama Cataluña” unos malvados catalanes “pretenden intervenir en la conferencia de paz [de París] para que le sea concedida a Cataluña la independencia que los villanos sueñan les llegue impuesta por el mandato de Europa”, como Cuba al mediar EE.UU.. El texto exhortaba “un día y otro día a aclamar [¡Viva España!] para ahogar con él las vociferaciones de esos perros separatistas”.
El colectivo tuvo su sede sobre el teatro Petit Pelayo, en la Rambla (desde donde hostilizaba actos de signo catalanista), y su “grito de guerra” fue la canción “La hija de Malasaña” que cantaba en el teatro Goya la cupletista “Mary Focela” y concluía así:
“Lucho como una leona/ al grito de viva España!/ Y es que por mis venas corre/ la sangre de Malasaña”.
Finalmente, el desarrollo de una gran huelga entre febrero y abril de 1919 de la gran empresa suministradora de luz de Barcelona –llamada popularmente La Canadiense (la Barcelona Traction Light and Power)-  tuvo un impacto social que eclipsó súbitamente la agitación catalanista y la LPE.

La capital del fascismo: Barcelona, no Madrid

No obstante, como Sales hizo de puente en estos meses entre tres ámbitos distintos -la oficialidad, el carlismo radicalizado y los elementos ultraespañolistas- creó el sustrato que alumbró los Sindicatos Libres y su particular radicalismo blanco, que les ha hecho  ser considerados por su gran investigador Colin M. Winston como prefascistas o, según el historiador Manuel Pastor, como claramente fascistas (Los orígenes del fascismo en España, 1975).

Propaganda de los Sindicatos Libres: su encarnación persigue al anarquismo, el separatismo, la masonería, el comunismo y el judaísmo.
Cuando se cumplen 90 años de la creación del eclipse de la LPE y la creación del Libre por Sales (murió en noviembre de 1936 fusilado o descuartizado con vehículos que ataron a sus extremidades), éste ha sido borrado de la historia del fascismo español, cuyo protagonismo ha acaparado el tardío fascismo madrileño y vallisoletano, que han generado una abundante literatura y distorsionado su historia en España: al igual que en Italia surgió en el Norte -en una Barcelona muy similar a Milán- y no en la capital. Y lo hizo también con un carácter escuadrista y combativo.
Para concluir, apuntaremos que esta situación de “vanguardismo” ideológico catalán ha perdurado en la ultraderecha española todo el siglo XX: Barcelona ha sido el gran centro innovador y exportador ideológicamente y -salvando las distancias- el actual Movimiento Social Revolucionario [MSR] testimonia aún esta vitalidad. Si esta dinámica ha cambiado en la última década ha sido precisamente por los esfuerzos ideológicos importadores de los núcleos de Barcelona o la innovación autóctona que ha supuesto la irrupción de un populismo islamófobo como la Plataforma per Catalunya [PxC].

Bibliografía

Sobre la LPE, véase Enric Ucelay-Da Cal, El nacionalisme radical català i la resistencia a la dictadura de Primo de Rivera, 1923-1931, Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona, 1983, s. n.. Véase asimismo la voz de la LPE en I. Molas (ed.),  Diccionari dels partits polítics de Catalunya segle XX, Institut de Ciències Polítiques i Socials / Enciclopèdia Catalana, Barcelona, 2000, pp. 150-151. Sobre el Sindicato Libre, véase Colin M. Winston, La clase trabajadora y la derecha en España (1900-1936), Cátedra, Madrid, 1989.

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