NO PARAR HASTA CONQUISTAR. CUENCA NUNCA SERÁ LO QUE MERECE MIENTRAS LOS CACIQUES DIRIJAN NUESTRA PROVINCIA



viernes, 20 de julio de 2012

La traición de los obispos

Rouco Varela.
Rouco Varela.
Por Enrique de Diego.- En medio de la pavorosa crisis que asola a la sociedad española, y cuyas peores consecuencias empiezan a percibirse aunque están por llegar, la voz de los obispos no se escucha.
Se ha secado, al parecer, la capacidad de denuncia profética. Puesto que la causa de la crisis son los privilegios de los políticos este silencio de la jerarquía establece una enervante complicidad. La razón es que la Iglesia en España, en cuanto estructura humana, se ha sometido al Estado y el Estado, aquí y ahora, es la casta parasitaria depredadora de las clases medias, entre los que se cuenta el común de los católicos.
Incluso la Conferencia Episcopal es propietaria de medios de comunicación que chapotean complacientes con el sistema y que se han mostrado y se muestran afines al Partido Popular. Rouco ha identificado a la jerarquía con el PP, con el sistema, con la casta.
Entre optar por el futuro de España y de los españoles y el sometimiento a los privilegios de los poderosos –a cambio de una financiación en compadreo con la Agencia Tributaria- la jerarquía está optando por los privilegios, por el cortoplazo, por el silencio cómplice.
El cristianismo entraña una pulsión de rebelión a favor de la dignidad humana. Y ahora la dignidad humana está siendo pisoteada de manera sistemática, por sistema, por el sistema. La jerarquía está más preocupada por no pagar el IBI – vaya por delante que nadie debe ni puede tener privilegios fiscales- que por la voracidad fiscal que está empobreciendo a sus fieles a favor de una casta. Más preocupada por no pagar el IBI que por los desahucios.
Sin el testimonio de la denuncia, acomodada, la jerarquía católica, a imagen y semejanza de ese cardenal-político que es Rouco, la jerarquía – con alguna excepción resaltable, como el obispo de Alcalá- navega por los mares del buenismo. Temerosa de los templos vacios, aspira a mantener clientela mediante inmigrantes, de forma que tiende a apostar por una inmigración descontrolada, que a través de un falso humanitarismo, genera y alimenta conflictos, empezando por los económicos, a través de las llamadas ayudas sociales que son insostenibles.
La jerarquía católica que ha confundido los fines de la Iglesia con los del Estado, y que se ha sometido a ese Estado con el que conjuntamente recauda su financiación, presenta a Cáritas como su factor más evidente de legitimación social. No le falta razón, aunque nunca ofrece datos de la labor evangelizadora de Cáritas. Conversiones, por ejemplo. Los folletos inciden, por ejemplo, en que no se discrimina a nadie y esto que parece tan aplaudible, no deja de entrañar un componente relativista. Cáritas está sirviendo como caballo de Troya de la islamización. En las mezquitas – ya más de 1.200- se recomienda acudir a Cáritas. Cada vez que se dice esto suele montarse cierta histeria mojigata, pero conozco voluntarios que han dejado de serlo y donantes, que también, por una política que entraña una apuesta por el suicidio colectivo. Los musulmanes no sienten ningún respeto por el buen samaritano. El buen samaritano es, simplemente, un infiel, y “los infieles son las peores bestias ante Alá”, de modo que el precepto coránico es “matadlos allí donde los encontréis”. Se les predica que los infieles están tan degradados que es fácil engañarles y Cáritas es la muestra.
Los cristianos están siendo asesinados con gran crueldad por los musulmanes en Nigeria, en Egipto, en Pakistán, en Iraq. En Sudán han perpetrado un genocidio. En Arabia Saudí está prohibida toda simbología y práctica cristiana. La jerarquía católica calla ante estos terribles atropellos. Lejos de la comunión de los santos se practica el silencio de los corderos. Cáritas alimenta a los miembros de una secta destructiva que pretende exterminar a los cristianos. Es una estupidez de tal calibre que puede llegar a hacer inmoral poner la crucecita.

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